
Definitivamente, el estaba desahuciado, tanto caminar, había hecho que su piel estuviese mas rocosa que de costumbre y por lo mismo su alma también lo parecía, el único medio de comunicación que tenía con ella, era una especie de telepatía, que conectaba sus instintos, el caminaba hacia un fin, el pensaba que todo lo escrito era incorrecto, que nada había existido, que el agua era solida, el frío era cálido y por ende, que el mundo aún era plano, caminaba su rumbo, de vez en cuando la razón lo atacaba. Especialmente cuando transitaba por la colina donde ella había muerto, después de eso sus rodillas nunca se veían muy bien. La caminata continuaba, cierto día no supo si vivo o muerto, llego al horizonte de la tierra, era hermoso, una profundidad infinita, un caleidoscopio que consumía estelas brillantes que mas bien parecían las ilusiones de aquel desahuciado ser. Un paisaje verde y azul, contrastaba con el cielo negro, en una roca, la vio a ella, tocando una ocarina, tocaba las notas de su vida, hacia la sutil música que representaba su vida, llego frente a ella, se detuvo a escuchar, y se dio cuenta, que ella, ya no lo quería.
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