domingo, 8 de mayo de 2011

Dos desconocidos en una red

Cuando lo agudo de su lamento llegó a los dioses,

lo miraron despectivamente,

el con lagrimas en los ojos y balbuceos en su boca,

exclamó su deseo, exclamó quererla mas que a su propia vida,

dicha fría y empolvada espada, que una vez le había dado tantas campañas

tantos momentos de gloría y majestad frente a sus enemigos,

ahora se hundía en el mar, con el sonido de las ballenas y delfines rondando por alrededor de ella,

un Dios, se apiadó de el,

y ordenó al oceano que le devolviera la espada,

siendo el nombrado ser de agua uno de los mas certeros arqueros,

pudo ver como aquel ser que una vez tuvo sangre, victorias, alegrias, tuvo el calor del guerrero,

ahora ya frío, le rompía el corazón.

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