Con escueto entusiasmo...
regreso ante ti,
la indiferencia agobiante
resulta un lugar cómodo,
el silencio me acoge
como un gato a su presa,
el olor a ausencia penetra
la piel del cascarón
de lo que alguna vez
fue mi cuerpo.
Sin embargo, me sientes,
en mis letras, te sientes,
hablas y me escuchas,
hablo y te escucho,
tu sonido retumba en el perpetuo continuo olvido.
Entre el rugido del hambriento
y la niñez extraviada de la pobreza
me desarmo
y vuelvo a mí,
un chiste mal contado,
un paisaje que observa
su xenobiótico color,
sintiendo dolor en calipso
y pánico en carmesí,
en zafiros monocromos
inserto mi cariño,
mi amor, mi corazón,
al ínfimo de la ausencia,
al páramo del dolor eterno y la calma plena,
pero ante todo, que cada minuto
y cada segundo,
que nos envuelva la alegría
y que valga la pena.
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